Monday, August 31, 2009

 

Un programa de habilitación

Sé que caerá en saco roto. La lengua española, igual que el país que la gestó, tiende sempiternamente al localismo y, faltos ambos de una gran visión que los eleve sobre los cerros del chismorreo, la familia y la pandilla, probablemente nunca lleguen a levantar el vuelo. Hoy por hoy, la única posibilidad real de que el español salga de su letargo provinciano será su hibridación con el inglés (o la lengua que lo sustituya en un futuro). La alternativa, a largo plazo, será una lenta descomposición como segunda o tercera lengua mundial (en número de hablantes, no en capacidad expresiva) y, posiblemente, su lenta desaparición en los últimos reductos de las alcobas, las cárceles o las telenovelas.

Lo que yo quisiera proponer ahora, a la vista de lo que en este blog se va señalando, es un Gran Programa de Habilitación de la lengua española. No de rehabilitación, porque ni siquiera en los tiempos del Imperio tuvo el español verdadera vocación de universalidad (la aversión al pensamiento científico ha desempeñado un papel clave en esta deficiencia). El programa constaría de varios elementos, de los cuales ahora se me ocurren cinco:

1 - Habilitación de la morfología. No dejemos que indeleble, expectante, escrutinio sean palabras sin verbo. Dejemos que membresía designe la condición de miembro. Diferenciemos entre el tiempo cronológico y el meteorológico, y construyamos adjetivos para este último. ¿Cómo se llama el estado de los que están a salvo?

2 - Recolocación sistemática de los morfemas. Usemos oír cuando queremos decir oír, y escuchar cuando queremos decir escuchar. Dejemos que lactancia sea la propiedad de lactar, y usemos lactación cuando queramos hablar del 'acto' de lactar. Dejemos que Homo designe el género humano, y Homo sapiens la especie humana.

3 - Restaurar en sus funciones las preposiciones que eliminan ambigüedades. Y, tal vez, eliminar las que no lo hacen. Una población cuenta 25.000 almas, aunque no siempre cuente con ellas. Muchas personas cumplen su palabra, pero no siempre cumplen con sus amigos.

4- Nombrar lo innombrable, particularmente si en otras lenguas existen palabras para ello. Dejemos que preempción, kit, partenaire, testar, ralentizar o monitorizar salgan de sus ghettos y desempeñen una función necesaria, independientemente del contexto. No temamos rescatar viejos términos latinos, o palabras de otras lenguas. ¿Por qué apretar tornillos con las uñas cuando podemos importar destornilladores?

5 - Priorizar la capacidad expresiva sobre la biensonancia contextual. Un perro mordió a Juan es algo que hizo un perro, mientras que Juan fue mordido por un perro es algo que le sucedió a Juan.

En sucesivas anotaciones de este blog iré enumerando casos particulares en que estas cinco grandes líneas terapéuticas serían de utilidad.

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